Con 50 años y tres hijos, huye de la polémica con el juez
Serrano, de Sevilla, que se ha querellado contra ella y
cuestiona la Ley de Violencia de Género y las denuncias de
las mujeres. Montalbán se la coge, en esto y en todo, con
papel de fumar, y extrema una prudencia que parece inherente
a su carácter.
Pregunta. Mire que ir acosando
jueces, como la acusa su compañero de Sevilla Francisco
Serrano...
Respuesta. Yo no me dedico a acosar. Me dedico a
mi trabajo, que es ser vocal del Consejo del Poder Judicial
y presidenta de su Observatorio contra la Violencia de
Género.
P. La denuncia habla de "maltrato psicológico". No
le habrá leído el programa del PSOE completo.
R. No. No dedico mi tiempo a esas actividades.
P. Puso, según él, "mordaza al hereje disidente".
¿Desciende usted de Torquemada?
R. Pues no tengo noticias de esos antecedentes
familiares. La Inquisición es algo sobre lo que yo leía en
los libros de historia.
P. ¿Se confirma que le regalará la trilogía
Millennium para calmarle?
R.
Millennium es una novela entretenida y de calidad,
y por eso la premió nuestro Observatorio. E interesaría que
la leyeran muchas personas. Pero no quiero entrar en esta
polémica.
P. ¿Ha soñado últimamente con una cerilla y un
bidón de gasolina?
R. No. La primera vez que vi esa asociación de
imágenes fue en la lectura de Millennium. Yo soy una
persona muy pacífica.
P. En 2008, de 142.125 denuncias de mujeres sólo
en 20 casos de dudoso testimonio, ni siquiera se concluyó
que fueran falsas. ¿De qué va Serrano?
R. Hablar de denuncias falsas es un mito falso que
puede obedecer a determinados intereses, y que lo que hace
es retraer a las mujeres a la hora de denunciar la violencia
que sufren. Los datos del Observatorio son rigurosos, fruto
del trabajo del grupo de expertos.
P. ¿Quién es el mayor machista del Consejo del
Poder Judicial?
R. No lo he detectado.
P. ¿Y feminista convencido?
R. Pues sí que puede haberlos.
P. ¿En qué institución cree que hay más machismo:
en la Iglesia o en el Ejército?
R. La verdad es que no lo sé. No he llegado a
medirlo.
P. ¿Y usted, de aquí al Supremo, como mínimo?
R. No. Mi plaza de magistrada está en el Tribunal
Superior de Justicia de Adalucía, en Granada. Y no me
planteo nada más.
P. Su marido se tomó tres bajas de paternidad.
¿Hizo usted pedagogía, o él era una rara avis del feminismo
granadino?
R. Fue una decisión suya. Creo que fue de los
primeros en pedir la baja de paternidad. Siempre ha sido un
gran aliado.
P. Dice tener un punto de utopía. No me dirá que
incluso cree en la justicia y en los jueces.
R. Creo en la justicia, en los jueces y en las
juezas. Afortunadamente, tenemos un sistema judicial fuerte,
y jueces que tienen una noción clara de la Constitución y la
implantación de los derechos.
P. ¿Va un poquito de Mariana Pineda: libertad,
igualdad y ley?
R. No. Yo no voy de Mariana Pineda en absoluto,
pero es una precursora de las ideas de igualdad y libertad.
Los valores de Mariana Pineda están en nuestra Constitución,
y los tengo, por tanto, muy interiorizados.
P. Ha sido una tremenda devoradora de tebeos. ¿De
princesas?
R. Me gustaban Rompetechos, Zipi y Zape...
P. Pues ya se le podía haber pegado un puntito
gamberro, tan modosita.
R. Bueno, bueno, no lo sé [ríe]. Al final te
tienes que adaptar a todo.
P. ¿Cree en los príncipes azules?
R. No. Yo dejé de creer en los príncipes azules
desde que salí del colegio.
P. ¿Los príncipes azules iban unidos a las monjas?
R. Algo tenían que ver.
P. ¿Ahora de qué color le gustan los príncipes?
R. A mí me gusta mi compañero. Mi marido es mi
príncipe.
P. ¿Cuál es la mayor aventura que ha corrido?
R. Una de las más interesantes fue estar 15 días
colaborando en un proyecto en Panamá para fomentar la
creación de un observatorio de violencia sobre las mujeres,
y que a los dos años me invitaran a inaugurarlo. Se puso en
marcha.
P. Pero de hacer puenting o dormir en el
desierto, nada de nada.
R. No. Deporte de riesgo, no.
P. ¿Dónde se imaginaría más con su presidente
Carlos Dívar: en misa o bailando salsa?
R. Me imagino bailando salsa.
P. Esto es una exclusiva mundial. ¿Cree que él la
acompañaría?
R. Pues seguro que sí [risas]. Huy, qué mala es
usted.
P. ¿Conoce a algún fantasma?
R. Pues sí, alguno que otro sí que se ha conocido
en esta vida.
P. ¿En el Consejo hay alguno?
R. Tendré que buscarlo. Tengo tiempo. Miraré por
el edificio. Porque los fantasmas, normalmente, están
escondidos.