A la joven, que trabajaba como peluquera y de camarera los fines de semana, no se le conocía ninguna relación. Vivía con sus padres y su hermano de 13 años en Sama de Langreo. Fueron ellos quienes denunciaron su desaparición el jueves, tras advertir que el miércoles no había vuelto a la casa.
Un día después de la denuncia, dos menores que recorrían la zona del pozo minero Samuño -inactivo desde enero de 2002- encontraron sus restos carbonizados. Su identificación fue posible sólo por las huellas dactilares de una de las extremidades, que no había llegado a desfigurarse.
Ni la Guardia Civil ni la policía nacional tienen constancia de que la víctima hubiese interpuesto ninguna denuncia previa por violencia machista o acoso, aunque algunas personas allegadas aseguran que últimamente había estado recibiendo llamadas telefónicas. La Guardia Civil seguía ayer interrogando a más personas para contrastar la versión facilitada por el sospechoso, que en las próximas horas podría pasar a disposición judicial.

