Lucía Guerrero no acudió el miércoles por la
tarde a recoger a su hija de 13 años al
colegio. La Policía Local la encontró
muerta, flotando en la piscina de su casa de
Alhaurín de la Torre a 20 kilómetros de la
capital malagueña, con un fuerte golpe en la
cara y diferentes lesiones por el cuerpo. La
mujer, de 49 años, había denunciado en enero
de 2007 por amenazas a su pareja, con la que
había dejado de convivir hacía más de un
año. La Guardia Civil ha interrogado a
Manuel A. H., su ex marido, y le ha dejado
en libertad.
La Guardia Civil arrancó la
investigación como un caso de violencia de
género, aunque fuentes de la subdelegación
del Gobierno insistían ayer en que todas las
hipótesis siguen abiertas. La autopsia
confirmó que a Lucía la mataron. La hija se
encuentra con la familia de la mujer.
"Estaba en pleno proceso de separación,
intentando acordar los temas económicos, la
tutela de su hija", explicó Pilar Oriente,
coordinadora del Instituto Andaluz de la
Mujer en Málaga.
La pareja se había asentado en una zona
rural, conocida como Arroyo Granjea, hacía
unos 15 años. Con el paso del tiempo
abrieron una tienda de animales exóticos que
regentaba Manuel y que, según los vecinos,
funcionaba muy bien. Tras la denuncia por
amenazas, el juez decidió que la mujer
conservara la vivienda, donde vivía con su
hija, y permitió a su ex pareja que siguiera
con su negocio, situado en la misma finca.
No hubo orden de alejamiento ni de
protección, por lo que era frecuente ver a
Manuel entrar y salir.
El miércoles, poco despúes de hallar el
cuerpo de Lucía, la Guardia Civil localizó a
su ex pareja a través de un vecino. Cuando
le llamaron, Manuel dijo que había estado en
Ronda, a unos 90 kilómetros del lugar del
crimen. Poco después, el ex marido acudió a
la casa preguntando "qué ocurría" y accedió
a acompañar a los investigadores. "Le han
dejado en libertad porque no hay pruebas
contra él", señalan fuentes de la
investigación.
Tras la separación, Manuel se estableció
en la misma barriada, a poco más de un
kilómetro de la casa de la fallecida. En su
nuevo chalé, donde vive con otra pareja, no
atendían ayer al timbre. Tras el muro de la
casa de Lucía, en el que se anunciaba la
residencia de animales exóticos Los
Naranjos, se advertía un precinto policial
en torno a una pequeña piscina y dos sillas
de madera colocadas muy cerca de la puerta
de entrada.
Lucía era usuaria habitual del centro
municipal de información a la mujer, donde
le habían prestado apoyo psicológico y
asesoramiento jurídico. Los vecinos
coincidían en que había sufrido mucho con la
separación y que había perdido bastante
peso. "Nunca ha dejado de quererle", aseguró
una residente a la que acudió en más de una
ocasión en busca de apoyo. "Cuando le
preguntaba por qué no dejaba la casa, me
decía que no tenía otro lugar donde ir".
Según esta mujer, que pidió que no se
publicara su nombre, hacía unos meses que la
fallecida tenía en mente un trabajo.
La muerte de Lucía no fue el único suceso
de ayer vinculado a la violencia doméstica.
Una mujer de 38 años que había renunciado a
una orden de alejamiento fue apuñalada por
su pareja ayer en Rute (Córdoba). La víctima
sufrió daños en el bazo, el pulmón y el
diafragma y permanecía anoche hospitalizada.
Fue operada en el Hospital Comarcal Infanta
Margarita de Cabra.
El suceso se produjo sobre las 7.45.
Víctima y agresor mantuvieron una discusión
en el domicilio en el que ambos residían. El
hombre, de 39 años, asestó presuntamente una
puñalada en el costado a su compañera, que
acudió al centro de salud para que la
curaran. Los médicos alertaron a la Guardia
Civil, que detuvo al agresor en la vivienda
de la pareja.
Según la Guardia Civil, en el momento de
la agresión no había decretadas medidas de
protección sobre la víctima, ya que en el
mes de abril un juez así lo decidió. María
Paz Gutiérrez, responsable del Instituto
Provincial de la Mujer en Córdoba, afirmó
que fue la víctima la que solicitó que se
revocara la orden de alejamiento. Según
Gutiérrez, este tipo de comportamientos
suelen darse entre víctimas de malos tratos
que, en un momento determinado, retoman la
relación con el agresor ya sea por miedo o
por el deseo de perdonar a la pareja.