Casi cuatro años ha tardado la familia de Esther del Sol
Justo en encontrarse cara a cara con el asesino de la que
era su hija, su hermana, su prima, su sobrina... Todos
juntos, sentados en la primera fila, escucharon ayer en la
Audiencia Provincial de Madrid a Antonio Castillo González
declararse inocente del asesinato a cuchilladas de la mujer,
que tenía entonces 25 años.
Casi cuatro años ha tardado la
familia de Esther del Sol Justo en encontrarse cara a cara
con el asesino de la que era su hija, su hermana, su prima,
su sobrina... Todos juntos, sentados en la primera fila,
escucharon ayer en la Audiencia Provincial de Madrid a
Antonio Castillo González declararse inocente del asesinato
a cuchilladas de la mujer, que tenía entonces 25 años. Y
todos juntos, como una piña, agarraron a Santiago, hermano
de Esther, para evitar que cosiera a palos al acusado.
Fue cuando el juez levantó la sesión unos minutos.
"Pueden salir y estirar las piernas", dijo. "¿Me puedo
dirigir al público?", preguntó el acusado. "¿Al público?",
inquirió el juez. "Para pedir perdón o algo", dijo Antonio
Castillo. "¡Asesino!", le respondió la madre de Esther. Al
mismo tiempo, el hermano de la víctima trató de abalanzarse
sobre Antonio. Su familia le detuvo, abrazándole. Los
agentes se interpusieron entre el asesino y Santiago. "Le
entiendo, pero tiene que contenerse", le dijo luego el juez
al hombre. "Me llevo años conteniendo", contestó el hermano
de Esther, frotándose los ojos. Y como si se prendiera de
nuevo la mecha, saltó la madre de Esther: "¡Usted no sabe
por lo que hemos pasado! ¡Nos ha matado a una joya!". Todos
abandonaron la sala unos minutos. Faltaba el aire.
La relación de la mujer con su pareja era aparentemente
normal. Tanto que cuando Esther le contó a su prima que
había roto con Antonio, ésta le reprendió: "Me dijo: 'Mira
Celia, yo no quiero acabar como la abuela'. La abuela había
sufrido malos tratos. Y la regañé, la regañé bastante y le
dije que no podía comparar", contó su prima ayer en el
juicio. "Tú no conoces a Antonio cuando estamos solos", dijo
que le contestó ella. Era abril de 2005. La pareja había
iniciado el trámite de separación. No estaban casados, pero
poseían un local a medias, donde tenían una peluquería y
donde también vivían.
Antonio mató a Esther dos meses después, el 27 de julio
de 2005. Lo hizo en ese local, que ya sólo funcionaba como
peluquería, una tarde de miércoles. El hombre llegó sobre
las cuatro y media de la tarde. Pasó allí tres horas,
mientras ella atendía a los clientes. Cuando todos se
fueron, a las siete y media, la acuchilló en el cuello, en
el abdomen, en el tórax y en los brazos. Ella murió
desangrada. Luego el acusado incendió supuestamente el
local, con ambos dentro. Esther tenía 25 años; él, 23.
Por este crimen, que juzga la sección 27 de la Audiencia
Provincial de Madrid, el ministerio fiscal pide 32 años de
prisión. La acusación particular sube la pena a 40. La
defensa pide la libre absolución porque el hombre actuó en
"legítima defensa" y por "miedo inevitable".
"Yo no quería hacerlo, me tuve que defender por
instinto", dijo ayer el acusado, de origen dominicano, ante
el juez. "Soy inocente", aseguró. Su familia le escuchaba
desde la tercera fila, dos más atrás que los allegados de
Esther. No se miraron entre ellos.
Según Antonio Castillo, la tarde del 27 de julio, al
salir de su puesto de trabajo como lijador en Aranjuez, se
acercó a Ciempozuelos porque le venía de camino. Quería
coger cosas. Primero dijo que ropa, luego aseguró que bebida
y comida; finalmente se refirió a una supuesta televisión
que le "recordaba a su infancia" y quería que Esther se la
diera "por las buenas". El hombre tenía llaves del local y
ya había estado en otras ocasiones, según declararon los
familiares y una clienta de la víctima.
Una vez allí, según la versión del acusado, Esther y él
empezaron a discutir. "De repente sentí un pinchazo en el
cuello. Fueron milésimas de segundo. Si no me la quito de
encima, me mata ella a mí", contó. No dijo una palabra de
cómo él la acuchilló a ella, ni cómo se originó el incendio
en el local después. "No voy a contestar a eso" o "no lo
recuerdo", respondió, chulesco.
El forense desinfló la gravedad de la supuesta agresión
de la víctima al acusado. "Se trataría de un ataque muy
flojo, porque son heridas muy superficiales. Es como
pretender atacar y retirar luego la mano", dijo la médica.
En cambio, no dejó dudas sobre la causa de la muerte de
ella. "La herida del cuello era mortal de necesidad; el
resto, de extrema gravedad", explicó.
Cinco minutos después de la agresión, alguien llamó al
telefonillo de la última clienta de Esther, que era vecina
de la zona. La peluquería estaba ardiendo. Antonio salió por
su propio pie, sujetado por los bomberos. A Esther tuvieron
que arrastrarla hasta fuera. Estaba muerta.
El juicio ha tardado casi cuatro años en celebrarse por
varias revocaciones de la instrucción del sumario.
Inicialmente, el hombre sólo estaba procesado por un delito
de asesinato. El ministerio fiscal pidió que se le procesara
también por un delito de incendio. La próxima vista está
prevista para el martes.