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Clara Zetkin (1857-1933) fue una activa militante comunista alemana y una de
las primeras impulsoras de la organización de mujeres a nivel internacional
desde una perspectiva de clase -el sufragismo también tenía proyección
internacional. De Zetkin podemos afirmar que su lugar histórico es más
importante en la articulación práctica del feminismo que en la teórica; es
decir, sus escritos son fundamentalmente conferencias y panfletos dispuestos
a persuadir a las masas, una tarea de educación y proselitismo. Sin embargo
precisamente por eso tiene tanta importancia analizar algunos de estos
escritos, ya que se convierten en testimonio de la posición general de estas
feministas socialistas adheridas a la Internacional. En concreto nos
centraremos en otra de las tesis clave en la configuración del feminismo
socialista: la afirmación de que los intereses de las mujeres no son
homogéneos, sino que están en función de su pertenencia a las diferentes
clases sociales. Zetkin desarrolla esta tesis a través del análisis de la
familia, análisis que coincide prácticamente con la posición ya mantenida
por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. Como es bien conocido,
Marx y Engels desmitificaron el carácter sagrado e inmutable de la familia
burguesa, devolviéndola al terreno de las instituciones sociales tangibles y
convirtiéndola en una categoría histórica transitoria. Según su análisis, la
familia estaba inevitablemente abocada a una rápida disolución; de hecho
hablar de familia proletaria carecía totalmente de sentido dadas sus
espantosas condiciones de vida. Por otro lado, la familia burguesa, basada
en la propiedad privada desaparecería con ésta. Así lo plantearon en el
Manifiesto Comunista:
"En qué bases descansa la familia actual, la familia burguesa? En el
capital, en el lucro privado. La familia, plenamente desarrollada, no existe
más que para la burguesía; pero encuentra su complemento en la supresión
forzosa de toda familia para el proletariado y en la prostitución pública.
La familia burguesa desaparece naturalmente al dejar de existir ese
complemento suyo, y ambos desaparecen con la desaparición del capital." (11)
Zetkin comienza su análisis desvelando los intereses de las mujeres de la
alta burguesía. La familia de la alta burguesía se basa en un mero acuerdo
económico, carece de sentido moral. Zetkin no encuentra ninguna función
social a la mujer dentro de esta familia: ni es madre ni es esposa, a los
hijos los cuida la servidumbre y con el marido el acuerdo es económico no
amoroso. En consecuencia, si estas mujeres quieren dar sentido a sus vidas
necesitan poder disponer libremente de su patrimonio. Su interés específico
consiste en luchar por conquistar el derecho a disponer de su propio
patrimonio contra los varones de su clase, que son quienes -obviamente- les
niegan tal derecho. Resumiendo, su reivindicación es el derecho a la
propiedad, y su enemigo, los varones de su clase social.
Respecto a la familia de la mediana y pequeña burguesía observa su
progresiva proletarización y destrucción. Los trabajos liberales se han
proletarizado y esto conlleva la disminución del número de matrimonios en
esta clase social. La razón reside en que los varones -debido a la
explotación capitalista- cuentan con un nutrido ejército de prostitutas para
satisfacer sus deseos sexuales y esto les resulta considerablemente más
económico que el matrimonio. En consecuencia, optan por no casarse, lo que
genera la imperiosa necesidad de incorporarse al trabajo asalariado en las
mujeres de esta clase social -aunque también lo deseen vivamente por otras
razones. Sin embargo, sus compañeros de clase se oponen vehementemente a que
las mujeres puedan competir en los trabajos liberales asalariados. Esta es
la razón
de su tajante negativa al sufragio femenino: saben que mediante éste las
mujeres podrían cambiar las leyes y convertirse en incómodas rivales en un
mercado de trabajo cada vez más precario. De nuevo el conflicto de intereses
es un conflicto que enfrenta a ambos sexos. Ahora bien, también es
imprescindible señalar que para Zetkin las aspiraciones de las burguesas
están totalmente justificadas ya que además de constituir una legítima
reivindicación económica, suponen también el justo derecho a ser sujetos
autónomos de unas mujeres cansadas de "vivir como muñecas en una casa de
muñecas." (12)
Por último, analiza la cuestión femenina en la clase proletaria. Como
señalábamos antes, en esta clase social, no puede hablarse con propiedad de
familia. Las mujeres, los niños incluso, han sido arrancados del hogar por
la voracidad del capital. Sin embargo, no todo es negativo: la mujer
trabajadora se ha convertido en una fuerza de trabajo absolutamente igual al
varón. Siguiendo al pie de la letra la predicción de Engels, Zetkin
certifica la desaparición de la sujeción de la mujer en el proletariado. Los
problemas de la proletaria no tienen nada que ver con sus compañeros de
clase social sino con el sistema capitalista y la explotación económica:
"como persona, como mujer y como esposa no tiene la menor posibilidad de
desarrollar su individualidad. Para su tarea de mujer y madre sólo le quedan
las migajas que la producción capitalista deja caer al suelo." (13)
Sin embargo, y a pesar de este análisis, Zetkin defiende el apoyo a las
reivindicaciones del movimiento feminista burgués, especialmente el derecho
al voto. Aunque tanto Bebel como Engels habían relativizado la importancia
del sufragio para las mujeres -ya que era confundir el efecto con la causa-
Zetkin lo reivindica desde el pragmatismo: así las proletarias podrán luchar
codo con codo junto a los proletarios por la conquista del poder político.
En general, y desde el feminismo contemporáneo, existe cierta unanimidad
al criticar la insuficiencia del análisis marxista de la familia, y en
concreto de las funciones de la mujer dentro de la misma. También se ha
criticado el injustificado optimismo sobre la situación de igualdad entre
mujeres y varones en la clase proletaria, aunque aceptando que el acceso de
las obreras a cierta autonomía económica socavaba la autoridad patriarcal.
(14) Sin embargo, y aún reconociendo la legitimidad de estas críticas,
contextualizar los escritos de Zetkin puede suministrarnos alguna clave para
comprender mejor su indudable voluntarismo teórico. Cuando Zetkin escribe el
apoyo del movimiento obrero organizado a la emancipación de las mujeres no
era algo absolutamente claro. Al contrario, en ésta como en otras
cuestiones, distintas tendencias luchaban por imponer sus criterios. Y una
de las opiniones de más éxito quería alejar a las mujeres de la producción.
Los argumentos utilizados eran varios: la necesidad de proteger a las
obreras de la sobreexplotación, el elevado índice de abortos y mortalidad
infantil, y también, por supuesto, el descenso de los salarios y la
"competencia desleal" de las obreras. Para muchos, en definitiva, dada la
condición natural de esposa y madre de las mujeres, su incorporación a la
industria era algo monstruoso. Así de claro lo expresó August Bebel: "No se
crea que todos los socialistas sean emancipadores de la mujer; los hay para
quienes la mujer emancipada es tan antipática como el socialismo para los
capitalistas." (15) Esto explicaría razonablemente la alegría y el optimismo
de Zetkin al valorar lo que considera el gran avance del "socialismo
científico": su rotunda afirmación de que las mujeres deben entrar en la
producción. Esta es para Zetkin la aportación fundamental del marxismo y de
la Primera Internacional a la causa feminista.(16) Además, aunque no consta
de manera explícita en sus escritos sobre la cuestión femenina, los partidos
socialdemócratas -posteriormente comunistas- jamás apoyaron el feminismo más
allá de la necesidad de incorporar a las mujeres a la causa socialista.
Transcribimos a continuación una regañina de Lenin a Zetkin que no tiene
desperdicio:
"Clara, aún no he acabado de enumerar la lista de vuestras fallas. Me han
dicho que en las veladas de lecturas y discusión con las obreras se examinan
preferentemente los problemas sexuales y del matrimonio. Como si éste fuera
el objetivo de la atención principal en la educación política y en el
trabajo educativo. No pude dar crédito a esto cuando llegó a mis oídos. El
primer estado de la dictadura proletaria lucha contra los revolucionarios de
todo el mundo... Y mientras tanto comunistas activas examinan los problemas
sexuales y la cuestión de las formas de matrimonio en el presente, en el
pasado y en el porvenir!" (17)
La referencia de la última frase alude al ya citado libro de August Bebel
La mujer y el socialismo, cuyo subtítulo reza "en el pasado, en el
presente y en el porvenir. Para Lenin en este libro estaba ya depositada
toda la sabiduría dialéctica sobre la cuestión femenina y no eran necesarias
posteriores elucubraciones. Además este texto es otro claro ejemplo de cómo
la cuestión femenina se convierte en la cuestión siempre aplazada. Tal y
como ha señalado Batya Weinbaum, Lenin no sólo critica el feminismo por
pensar que resulta innecesario, sino por lo que tiene de destructivo al
restar energías a la auténtica lucha. La consecuencia es que "la discusión
sobre el sexo y el matrimonio deber esperar a que todo el mundo sea
socialista o hasta que no haya contrarrevolucionarios en ninguna parte."
(18)Notas.-
11. Marx, Karl y F. Engels, El manifiesto comunista,
Barcelona, Grijalbo, 1975, p. 44.
12. Zetkin, Clara, La cuestión femenina y la lucha contra el
reformismo, Barcelona, Anagrama, p. 104.
13. Idem, p. 105. Zetkin habla con naturalidad de la necesidad de
armonizar "los dos ámbitos de deberes de las mujeres." De hecho, en las
primeras formulaciones de teorías feministas casi siempre existe cierta
aceptación de la división sexual del trabajo; por radicales que sean las
demandas de derechos, la condición de madre y esposa es difícilmente
cuestionable. No ser hasta el feminismo de los años setenta cuando se
llegue a cuestionar de raíz la división sexual del trabajo.
Una reflexión muy interesante sobre los problemas de la tradición
marxista a la hora de "pensar" las relaciones en las que está implicada la
sexualidad y la reproducción se encuentra en el artículo "Marxismo y
feminismo", en Amorós, C., Hacia una crítica de la razón patriarcal,
Barcelona, Anthropos, 1985, pp. 289-318.
14. Para estas críticas, remitimos a las obras de las feministas
contemporáneas citadas a lo largo de este artículo y, en general, a todas
las obras de feminismo socialista publicadas desde los años setenta.
15. Bebel, A., op. cit., p. 117.
16. Ve se en la obra ya citada de Zetkin el artículo "Contribución a la
historia del movimiento proletario femenino alemán", especialmente el
epígrafe "Los obreros alemanes en el período inicial de la lucha de clase y
la cuestión del trabajo profesional femenino", pp. 56-112.
También tratan este tema, entre otros, La mujer ignorada por la
historia de Sheila Robotham en Madrid, Debate, 1980 y la obra de Richard
J. Evans Las feministas, Madrid, Siglo XXI, 1980.
17. Lenin, V.I., La emancipación de la mujer, Akal, 1974, p. 101. |
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